martes, 12 de diciembre de 2006

Visita de Rumsfeld a Paraguay y Perú

LA VISITA DE RUMSFELD A PARAGUAY Y PERU

?SÓLO DIPLOMACIA?

La reciente gira de Donald Rumsfeld por Paraguay y Perú ha dado lugar a un creciente debate sobre una supuesta nueva y vigorosa presencia e interés de Washington en Paraguay. La relativa estabilidad política (la hegemonía del Partido Colorado, que parece haber moderado las agudas disputas que existieron entre sus fracciones en los años ´90), la presencia de un Presidente como Frutos llegado con una agenda de inserción pragmática en la región y en el hemisferio y de control de la corrupción y la inseguridad, la inexistencia de tensiones racionales comparables a la zona andina y la histórica política de Paraguay de hacer equilibrio en sus relaciones con la Argentina y Brasil, son factores que potencian el interés de Washington.

Un salto cualitativo en un proceso preexistente.

Todo ello en un contexto de una naciente activación de una estrategia de contención activa del eje Castro-Chávez y en especial con vistas a los procesos políticos y sociales que se viven en Bolivia, dudas sobre los efectos reales del Plan Colombia en la desarticulación del narcotráfico y en quebrar a las FARC, así como la percepción de un clima político e ideológico crecientemente hostil a los intereses estadounidenses en Sudamérica. En este sentido cabrían formular algunos comentarios que tiendan a matizar ciertos argumentos lineales que se han escuchado en las últimas semanas sobre la relación entre Estados Unidos y Paraguay, sin por ello refutar la existencia de un salto cualitativo o maduración de un vínculo estratégico no necesariamente nuevo.

En primer lugar, desde hace varios años diversas agencias de seguridad y de Defensa de los Estados Unidos (CIA, NSA y FBI) han incrementado sus actividades en Paraguay, incluyendo el desarrollo de ciertas capacidades logísticas para despliegue aéreo e interceptación de comunicaciones. En este sentido, capacidades semejantes se encuentran en la región de Santa Cruz en Bolivia desde hace más de una década. Cabe recordar que el reposicionamiento de bases de los EE.UU. a escala global y regional se remontan al fin de la guerra fría, proceso acelerado y potenciado por los hechos del 11/9. Dentro de este nuevo esquema se establecen tres tipos de bases militares: 1) Base de Operación Principal; 2) Sitio Adelantado de Operaciones; y 3) Localizaciones Cooperativas de Seguridad. Tanto la 2 como la 3 serán instalaciones con una reducida presencia de personal y básicamente estarán preparadas para funcionar como punto de llegada de fuerzas que los EE.UU. desplegarán desde tu territorio nacional o bases del tipo. En Africa como en América Latina (incluyendo Paraguay) se espera una mayor cantidad de este tipo de emplazamientos. Actualmente el Comando Sur de las FF.AA. de los EE.UU. cuenta con bases tipo 1 en Manta (Ecuador), Hato y Reina Beatriz (Antillas Holandesas y Aruba) y Tres Esquinas (Colombia). En marzo del presente año, el Secretario de Defensa de los EE.UU., D. Rumsfeld, dio a conocer la nueva Estrategia de Defensa Nacional. En este documento, en lo que se refiere a las regiones del mundo vistas como prioridad para esta redefinición del instrumento militar de los EE.UU., se destaca: Europa, N.E. y E. de Asia y el E. y S.O. de Africa. Con respecto a América Latina, afirma que se mantiene el firme interés en preservar los intereses de seguridad en la zona pero que para ello no se requiere un importante despliegue de fuerzas militares estadounidenses.

Un aspecto a destacar de las declaraciones del Secretario D. Rumsfeld en Paraguay es haber expresado su satisfacción con la tarea de control que llevan a cabo la Argentina, Brasil y Paraguay en la zona de la Triple Frontera. En este contexto, los dos temas críticos destacados por este alto funcionario fueron la acción de "actores antisociales" que operan en la región (narcotráfico, crimen organizado, contrabando y el impacto de la corrupción, etc.) y la influencia negativa de Chávez en la región en general y en la zona andina en particular. Medios de prensa y del área de Defensa y seguridad de Brasil, y en menor medida en la Argentina y el mismo Paraguay, han agregado, o puesto en primer lugar, el interés estratégico de Washington en el plano de los recursos naturales y en condicionar los márgenes de maniobra estratégica de Brasil en el Cono Sur.

Más allá de estos debates sobre las intenciones implícitas de este salto de calidad en la relación entre Washington y Asunción, pocas dudas caben que no están en condiciones de revertir el fuerte grado de interdependencia económica (comercio formal e informal, compra de energía, inversiones, etc.) que ligan al Paraguay con Brasil y con la Argentina. Asimismo, estos dos Estados parecen tener también entre sus prioridades la existencia de lazos de cooperación y coordinación con los EE.UU. en materia de lucha contra el terrorismo y el crimen organizado. Por ello mismo, cabría esperar que primara la voluntad de los dos países mayores del Cono Sur en reforzar los espacios de estabilidad y gobernabilidad en la zona y no focalizar exclusivamente la atención en una eventual contención al rol de los EE.UU. en el área.

El énfasis colocado por D. Rumsfeld a la amenaza a la seguridad regional y hemisférica que representan "actores antisociales" como el narcotráfico, el cotrabando, las bandas-maras armadas, los secuestros, etc., hacen que el instrumento militar diste de ser un factor clave o central en la contención de estos actores y amenazas. En este sentido, la cooperación en materia de inteligencia, policial y de seguridad entre los países del Mercosur entre si y con los EE.UU. parece la única respuesta consistente en el mediano y largo plazo. Asimismo, solo el fortalecimiento de las instituciones y mayores grados de estabilidad socioeconómica de Paraguay en particular y de los Estados del Mercosur en general parecen tener la capacidad de contener estos factores desestabilizadores. Los cuales pueden ser aprovechados por sectores insurgentes (armados o no) y aun por organizaciones terroristas regionales e internacionales. Si de desarrollo socioeconómico se trata, Brasil y la Argentina vuelven a tener un rol central en el caso de Paraguay. Es poco creíble que un eventual tratado de libre comercio entre Asunción y Washington pueda equipararse al flujo de comercio formal e informal que existe dentro del Mercosur.

Conclusiones.

Por todo lo dicho, debería ser vista como bienvenida (sin por ello caer en ingenuidades que desconozcan el rol de cálculos geopolíticos y de recursos naturales, tan viejos como la historia del sistema internacional) el creciente interés de Washington (en especial de sus agencias ligadas a la Defensa y la seguridad) en actuar contra los "actores antisociales" que asolan la región y el hemisferio en general (empezando por el propio México y Centroamérica). Si bien es poco probable que lo que no logran las agencias federales de los EE.UU. en la frontera con México, Guatemala o el Salvador lo logren en el Cono Sur, la Argentina y Brasil deberían ver en este salto cualitativo en el rol de seguridad de los EE.UU. en el Cono Sur una oportunidad para lograr espacios de cooperación y coordinación entre sí y con sus pares estadounidenses frente a temas que son de interés común.

Un deterioro aun mayor de la estabilidad política, de seguridad y socioeconómica en el Cono Sur y Sudamérica no harían más que incrementar la turbulencia y acentuar el interés de Washington en potenciar estrategias unilaterales y bilaterales, tanto por razones de control de recursos naturales y proyección estratégica como reacción a los "actores antisociales" que de forma directa o indirecta pueden lograr pactos de conveniencia con insurgentes, guerrillas y terroristas.

Fortalecer la agenda de cooperación y coordinación en el Mercosur en materia de seguridad ciudadana en el Mercosur y en especial entre la Argentina y Brasil (tal como en los ´80 y los ´90 se avanzó en materia nuclear y en medidas de confianza mutua en el sector de la Defensa) tenderá a fortalecer la estabilidad de la subregión y por ende limitar las turbulencias que son como canto de sirenas para la superpotencia. En otras palabras, todo ello abre una ventana de oportunidad para recuperar los aspectos de alta política de la relación entre Argentina y Brasil en particular y del Mercosur en general y reconoce la presencia, muchas veces confusa y difusa, de actores no estatales amenazantes en este plano de la seguridad.

Alvaro Kröger

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