martes, 12 de diciembre de 2006

Terrorismo de Estado

TERRORISMO DE ESTADO

Mi viejo y querido amigo Raúl Seoane ya ha publicado un artículo sobre el manido tema "fábricas de pulpa de celulosa", y gracias a su completa información es inútil seguir ahondando en este tema a nivel periodístico.

Lo que debemos hacer es tratar de comprender la filosofía que hay detrás de este tema, que repito, nunca debió salir del ámbito estrictamente técnico.
La ciencia y la tecnología, cuando son encaradas seriamente, no tienen color partidario, ni nacionalidad, ni raza, ni sexo. Es la Ciencia o la Tecnología y punto. Ambas se manejan con leyes muy bien comprobadas, y mientras algunas de esas leyes no sea sustituída por otra, debidamente comprobada científica y tecnológicamente, sigue siendo válida para todo ser humano.
De este axioma parte la confianza que tienen científicos y tecnólogos en sus estudios e investigaciones: aplicación de tecnologías en condiciones extremas, fuera de toda posibilidad real de reproducción, información cruzada de varios científicos en todas partes del mundo, publicación de trabajos.

La verdad es que la ciencia fue lo primero que se "globalizó" hace bastante más de un siglo. Y es por ese incesante trabajo de científicos de todas las ideologías, credos, razas, sexo y religiones que la ciencia es respetada y su palabra es axiomática hasta que no se demuestre lo contrario.
Y como la ciencia es una actividad humana dinámica, viva y nada orgullosa, no tiene problema alguno si alguien demuestra que un axioma científico es incorrecto y se sustituye por otro debidamente demostrado.

Si 2 + 2 = 4 y E=mc2, son verdades incontrovertibles en todo el mundo, no lo son(aparentemente) en sectores extremistas argentinos; éstas dos verdades pueden ser tomadas de cualquier forma según sea quien las maneje.
Los "ambientalistas", que de ello tienen muy poco, en vista a cómo dejan los lugares dónde "piquetean", no tienen la menor idea de lo que es un dato científico, ni las verdades que encierra, ni lo que ha sido investigado por cientos de personas que se dedican a la ciencia y no a la política más rastrera llamada "terrorismo".

El terrorismo no es un invento de nuestra generación; el terrorismo tiene al menos tres milenios de existencia, pero en los últimos 10 años ha sido una profesión en constante aumento y sofisticación.
Los 20 terroristas que tienen a un poderoso país como la Argentina en sus manos, lo han podido hacer porque el poder político o ha sido omiso o ha sido cómplice. Creo que las dos cosas, pero lo cierto es que en éstos momentos el poder político de la Argentina está acorralado y no tiene ni ideas, ni la determinación para encauzar nuevamente su política a un curso normal.

Cuando un Estado viola sistemáticamente su propia Constitución, sus leyes y los tratados internacionales, está viviendo en una autarquía jurídica en costante cambio. Los uruguayos somos muy apegados a lo que usualmente se denomina Estado de Derecho, que es la antítesis de la autarquía jurídica. Viviendo de ésta forma, respetando básicamente la libertad de los individuos, la Constitución, las leyes y los compromisos contraídos con los demás países y los contratos con los privados de presos políticos, es que tenemos la autoridad moral y ética de señalar que lo que está pasando con el bloque de los puentes es una grave agresión a nuestros intereses y a nuestra soberanía. Si bien es verdad que nuestras autoridades no han manejado de la forma más idónea el problema, no por ello debemos ser objeto de agresiones.

Y lo peor del caso es que el gobierno argentino, ya sea por omisión o por complicidad, está aplicando el "terrorismo de estado", es decir convalidando actos de sus súbditos que son delictivos.
Nuestro actual partido de gobierno ha hablado hasta el hartazgo del terrorismo de estado, por las persecusiones políticas que fue objeto, por el ya manoseado tema de las desapariciones de presos políticos, por el supuesto complot de los partidos tradicionales a su llegada al poder, y por infinidad de casos menores.
Ahora que se está frente a un grave ataque de terrorismo de estado, y nuestro país es un notorio defensor del estado de derecho, no se escuchan voces oficiales diciendo éstas verdades.

Se escucha mucho los términos "diálogo", "república hermana","espera", "autoridad" y otros lindos sustantivos y adjetivos; pero "hechos" no se han visto.
Las empresas directamente implicadas ya han demostrado su buena voluntad al decir que permitirían la visita de quien fuese a sus plantas y están dispuestas a explicar sus proyectos de manejo de efluentes también a quién fuese. Estos actos no han sido escuchados por los pseudo-ambientalistas, porque de haberlo hecho ya hubiesen mandado al oriente del río a sus técnicos, pero el problema radica en que no tienen técnicos en estas materias, tienen técnicos en otras materias que nada tienen que ver con las plantas de celulosa o en rigor las fábricas de pulpa de celulosa.

Es así que la desactivación de este circo va a tener un costo político muy importante y las preguntas que uno se hace son: ¿Está la Argentina en posición de aguantar ese costo político internacional?, ¿Es capaz el poder político de manejar la situación sin que esto termine en una guerra civil?¿Son capaces los argentinos amantes del órden y el derecho, que son la mayoría, imponer sus ideas? ¿O por el contrario se asustarán de los gritos del pingüino devenido en moderno autócrata?.


Alvaro Kröger

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