martes, 12 de diciembre de 2006

¡¡¡Hasta cuándo, oh Catilina, abusareís de nuestra paciencia!!!

¿HASTA CUANDO, OHH CATILINA, ABUSARREIS DE NUESTRA PACIENCIA?
Cayo Julio César

Los violentos cambios de posesiones de unas manos a otras durante la época de Sila, habían agudizado el contraste entre ricos y pobres. Las entregas de tierras que Sila había hecho a sus veteranos de guerra, habían despojado de casa y granja a muchos campesinos.Pero un reducido número de nuevos colonos pudo avenirse a la modesta vida campesina después de largos años de guerra. La mayor parte de ellos se sumó al proletariado de la gran ciudad, y al igual que los desposeídos de sus tierras, favorecía toda posibilidad de motín y de pillaje. Junto a la desesperada situación social, y económica de las grandes masas de la población, reinaba un desmedido e irritante lujo y una frívola corrupción en un pequeño sector que había sabido acumular grandes riquezas en el pasado.
Se influía en los plebiscitos, se sobornaba a los tribunos de la plebe y no se dudaba siquiera en emplear bandas armadas.
Sobre este suelo pantanoso de la disgregación de la sociedad medraron algunas figuras de perfil dudoso,que habían perdido sus fortunas con el despilfarro y la especulación y se hallaban al borde la la más completa ruina. Habían perdido toda consideración al derecho y al orden, y con egoísmo exento de escrúpulos miraban la República como un mero objeto de explotación y los cargos públicos como un medio de enriquecimiento personal y de satisfacción de su ambición política. Con toda clase de argumentos persuasivos trataban de convencer al pueblo de que sólo una completa revolución podía salvar al Estado de su corrupción y miseria, y de este modo lograron formar a su alrededor un partido favorable a sus planes, integrado por todos los descontentos y apurados de la ciudad. Por lo general no era difícil discernir si las palabras de tales demagogos respondían a un noble ideal o nacían tan sólo de un egoísmo que encubriera otras intensiones.
Una de estas figuras era L. Sergius Catilina.
Quien haya leído hasta aquí, seguramente pensará que es una alegoría histórica a lo que está ocurriendo en Uruguay, 2000 años después.........pero, no es así. Lo que hasta aquí leyeron es un extracto de la figura de Catilina sacada del libro Historia de Roma de Nack- Wägner, Ediciones Labor,en 1966.
Aparte del hecho de la expropiación que hizo Sila, para darle tierra a sus veteranos, todo lo demás coincide exactamente con lo que está pasando aquí. Y quien quiera saber quién fue Catilina, puede hacerlo en las obras de Cicerón "Las Catilinarias", que son 4 discursos hechos por este insigne hombre en el Senado de Roma..........y también quien quiera saber que fue lo que ocurrió después lo puede leer en cualquier libro de historia: un truinvirato, un asesinato y el poder en manos de un sólo hombre, muriendo así una de las Repúblicas que se mantuvo más tiempo viva y floreciente.
Esperemos que la historia no se repita, pero para que ello no ocurra hay que conocerla.

Alvaro Kröger

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