martes, 12 de diciembre de 2006

Latorre y su tiempo

LATORRE Y SU TIEMPO
La juventud de Latorre

Iniciamos desde hoy a editar una serie de artículos vinculados al militarismo en el Uruguay durante el siglo XIX.

Nadie hubiera creído, juzgando por su fisico y por sus antecedentes de juventud que en aquel muchacho de espaldas redondas, esmirriado y maliciento, estaba el hombre que un dia iba a ser - como lo fue - dueño y señor de la República.
Ni su modesto origen ni su ingreso en la carrera de las armas eran factores a contar al inicierse el recorrido de su vida.
Como militar se perfiló valiente en la camáña del Paraguay, pero nada más.
Oficial subalterno del Batallón Florida, tuvo brillante cometido en la reñida batalla de Estero Bellaco, famosa acción del 2 de mayo de 1866.
El Batallón Florida cargando a los enemigos que se presentaron de improviso entre la una y las dos de la tarde, penetró literalmente como una cuña en las filas paraguayas, y por más de media hora tuvo que pelear solo, pues la carga no fue secundada por nadie.
Las dos compañías que encabezaban la columna tuvieron todos los oficiales y casi todos los sargentos fuera de combate.
"Las demás compañías quedaron diezmadas pero no tanto - escribiío en su Diario el coronel Palleja, comandante del cuerpo -, de 27 oficiales sólo han quedado ilesos y si yo estoy vivo y sano es por milagro de la Providencia: hoy ha debido de ser el último día de mi vida".
Herido de bala en una pierna, casi a la altura de la ingle, Lorenzo Latorre, oficial de la primera compañía. figuraba entre los más graves.
Creyeron que el balazo era mortal siendo cuestión de días más o menos el desenlace fatal.
Y en esa inteligencia el joven militar fue evacuado del ejército conduciéndosele al Hospital de Sangre de la ciudad de Corrientes.
Ante la necesidad de extraer el proyectil los médicos mostrábanse vacilantes. Finalmente el Dr. Blas Martins dos Guimaraens Bilac, cirujano brasileño del Cuerpo de Policía de Río de Janeiro, enfrentó la operación sacando el grueso proyectil con éxito pleno
Latorre conservó toda su vida cierto defecto para caminar que era consecuencia el balazo de Estero Bellaco.
El después Gobernador Provisorio, fue único hijo varón de la pareja formada por Lorenzo Latorre, español, y María Jampen.
Tenía dos hermanas llamadas María y Hortensia. Su padre desempeñaba un empleo subalterno en la Aduana de la capital, como citador de la Visturía a cargo de Cesáreo Villegas y Luna.
Por esa época, 1859, vivían en la calle Alzáibar N° 66.
El apellido de familia original, debió ser Da Torre, estando a la nacionalidad del padre, oriundo de Galicia.
Por Da Torre lo conocían y lo llamaban la mayoría de sus paisanos españoles.Cuando el señor falleció en Montevideo el 27 de setiembre de de 1871 aparece anotado en el libro como Lorenzo de la Torre.
En cambio la invitación mortuoria dice Latorre conforme firmaba el hijo y toda la familia.
Antes de sentar plaza como soldado voluntario en el ejército colorado revolucionario de Venancio Flores, el joven Lorenzo tenía desempeñadas diversas actividades, entre las cuales distribuidor de cigarrilos elaborados por Carrillo Hermanos, marca muy acreditada en la época.
Antiguos militares, con sendas medallas de Caseros, don Blás y don Felipe Carrillo establecidos en el ramo de tabacos habían lanzado a la plaza, como novedose forma, el mazo de cigarrillos envueltos en papel de plomo y rodeados por una faja de papel blanco con el nombre de la manufacturera en azul.
Abandonó la plaza el más tarde el futuro dictador, dedicándose a tareas más sedentarias como dependiente de la casa de comercio de Nicolás Ojer, establecida en la calle Rincón entre Misiones y Cámaras.
Pronto se hizo conocer en el vecindario, el nuevo dependiente, por su carácter vivo y principalmente por su decidida aficción a las bromas, poniendo apodos y todo el día maquinando chascos.
Latorre conservó siempre esta modalidad siendo las burdas chanzas y las chocantes guarangadas una de las típicas del Gobernador, torpemente coreadas por la bajeza de su grupo favorito, donde tampoco faltaban los bufones.
Intencionado y acertador para los motes, tuvieron el suyo todos los del barrio, grandes y chicos.
Cuando, conforme a las normas de urbanismo en vigencia, le tocaba a Lorenzo salir a barrer la calle hasta la mitad de la calzada que correpondía al frente de la casa, no era raro verlo revolotear la escoba sobre la cabeza para tirársela a Alfredo Trianón (EL Franchute), dependiente de la ferretería de Marques, Cassarino y Cía, o a Jaime Mayol (El Catalén), que estaba en lo de Triay, o a cualquier otro muchacho conocido o desconocido.
Pormenores nimios, detalles triviales, en apariencia, tienen valor sin embargo, para fijar la fisonomía futura de un individuo.
En 1863, al producirse el alzamiento del General Venancio Flores contra el gobierno de Berro, el aspecto de la capital fue poco a poco modificándose.
La revolución prolongada despertaba a la vez antagonismos y simpatías.
Hoy éste, mañana el otro, se iba sabiendo de los que desertaban de la Guardia Nacional, para ir a las filas revolucionarias, de los que se escapaban para Buenos Aires,de los que ya estaban en campaña con divisa colorada.
Las gentes mozas en gran mayoría, tenían próxima una tradición de guerra, hijos - como eran -de quienes habían servido en la Defensa o en las filas oribistas.
No se sabe si Latorre contaba entre ellos, probalemente no, pero eso no fue óbice para que se contagiase en el ambiente, interesándose por la marcha de las operaciones bélicas que hablaban en su espíritu despierto y aventurero.
Un día supo que Alfredo Trianón, que servía obligado por ley en un cuerpo de Guardias Nacionales, había desertado, embarcándose clandestinamente para la Argentina, con otro amigo,Julio Muró, para ir a pelear junto a los campañeros de opinión.
Por otro lado no faltaban en Montevideo los partidarios de Flores encargados de reclutar voluntarios y lograr adeptos.
Un antiguo legionario francés, el capitán Turenne, era de los más activos agentes.
Latorre, decidido a probar fortuna con un cambio de actividades radical, ganó los alrederores de la ciudad y después de permanecer oculto unos días se presentó en el ejército revolucionario. Le dieron destino en el Batallón Florida, más tarde el 1° de Cazadores, donde, salvo pequeñas soluciones de continuidad, iba a hacer toda su carrera de armas.
Cuando la revolución de Flores triunfó, en febrero de 1865, Lorenzo Latorre era sub-teniente de la Compañía de Carabineros del Florida.
En marzo de ese año le confirieron el grado de teniente segundo con fecha 17 de marzo.
Dos meses más tarde embarcada con el Florida, integrante de la División destinada a la campaña del Paraguay.
En párrafos anteriores se habló del bizarro comportamiento de Latorre en aquella cruenta y formidable guerra. Su conducta y su balazo de Estero Bellaco le valieron el grado de teniente primero, que se le dio el 1° de agosto.
De regreso a la patria por exigirlo así la larga convalecencia subsiguiente a la intervención del Dr. Bilac continuó revistando en el Florida hasta el mes de octubre en que pasa a la Plana Mayor Pasiva.
Como no era ésta la situación digna de un oficial de su destaque, casi inválido todavía, la superioridad lo puso a sueldo íntegro en diciembre, y ya restablecido completamente en febrero del 67, destinósele a servir en el Batallón Libertad donde permaneció hasta noviembre, en que vuelve a revistar en Pasiva.
Los sucesos del 20 de febrero de 1868 lo hallaron en el Batallón Constitucional, a órdenes del comandante Fonda,, y estaba de servicio de puerta junto con su colega Juan Soto Rodriguez en momentos en que se presentó al cuartel de Dragones el primer jefe revolucionario blanco.
Sofocado el movimiento a cuya cabeza perdió la vida el ex-presidente Bernardo Berro, y en el que fue muerto el general Flores, el Teniente Latorre se vio elevado a Capitán, en el mes de marzo del 68.
En esa época, no tan sólo por la edad sino también por su grado en las filas, el Capitán Latorre no podía seguir considrándose un jóven.

(continuará..............)

José María Fernández Saldaña
Alvaro Kroger

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